Escrito enero 27th, 2011 Por Milton Ramirez
Yo no habría escrito el artículo fuente como el autor lo hiso pero me ha servido para referir y refrescarle la memoria a muchos de los que hacen o escriben blogs.
No creo que haya necesidad de definir los que significa plagiar. Pero solo en caso no lo haya aún aprendido, lo remito a la entrada en Wikipedia.
Una de las formas más sencillas de detectarlo es copiar una frase o un párrafo corto y pegarlo en la caja de búsquedas de Google. Escríbalo entre comillas. “Tecnología, Tendencias, Social Media y más
GeeksRoom.” Si Google le muestra toda la oración o el párrafo en primero o segundo lugar, entonces alguien le ha copiado sus contenidos. Si no, no hay que preocuparse.
Como el copiar contenidos le favorece al blog original, Google bloquea esos sitios, aquellos que solo copian y pegan. No importa que cambie el título del artículo, es el cuerpo del post el que cuenta.
Para ese fin, presentamos 6 herramientas (sitios) que cumplen con la función de detección y monitoreo del plagiarismo tanto en el aula, como en los artículos profesionales y por supuesto los blogs:
1. Plagiarism Checker – Sitio recomendado para maestros y autores, pero no menos importante para blogueros. Le permite adicionalmente crear alertas en Google que serán enviadas a su correo electrónico.
2. Dustball Plagiarism Checker – Igualmente dedicados a monitorear las tareas escolares tanto como ensayos y reportes. Si necesita sacar ventaja cien por ciento, deberá pagar por el servicio premium.
3. Article Checker – La misma funcionalidad que las dos anteriores pero con la diferencia que puede analizar un enlace y comparar los resultados entre Google y Yahoo!
4. Advanced Plagiarism Checher – Rompe en pequeñas partes el documento o párrafo seleccionado. Puede analizar un texto, un enlace o un archivo. Agregue el nivel sensibilidad a elevado.
5. Plagiarism Detect – Es un servicio pagado pero le garantiza el no ser acusado de plagiarismo con una cuenta accurate account. Solo las primeras 100 palabras son analizadas gratuitamente.
6. The Plagiarism – El monitorear plagiarismo es solo uno de sus servicios. No es un servicio gratuito y sus costos son significativos. Pero instituciones académicas, publicistas y la misma ley pueden determinar la ofensa basados en este servicio.
Fuente: Read more: http://geeksroom.com/2011/01/herramientas-para-saber-quien-plagia-los-contenidos-en-tu-blog/44602#ixzz1CjQpCwj7
martes, 1 de febrero de 2011
domingo, 30 de enero de 2011
El pibe que arruinaba las fotos
Todo por su autor: Hernán Casciari
Ayer hablé por teléfono con mi hermana, que ya tiene un ejemplar. Me dijo que había llorado y se había reído sin parar, y que era un libro hermoso. Suspiré aliviado, porque me lo decía alguien que protagoniza varios capítulos de la historia, con su nombre y su apellido, y yo nunca le avisé que eso iba a pasar; lo supo con el libro ya en la mano. (No sé por qué me arriesgo tanto a perder la amistad de mi familia.)
La historia de este libro es casual: yo tengo un contrato con Mondadori, por suerte muy flexible, y en abril me tocaba entregar un libro de cuentos. El libro ya estaba terminado y tenía nombre. Pero una tarde me puse a rastrear un correo viejo en el buscador de Gmail, y se me aparecieron varios chats con mi padre. Seguramente yo sabía que ahí estaban todas mis conversaciones con Roberto de los últimos cinco años, pero nunca se me había ocurrido revisarlas después de su muerte.
Esas lecturas me conmocionaron. En casi todas las charlas (generalmente muy nocturnas para mí, y para él antes de cenar) hablábamos de fútbol o de Orsai. Me llamó mucho la atención ese detalle: él me comentaba los cuentos de Orsai, sobre todo las historias en las que aparecía.
Esa noche, después de leer chats antiguos durante horas, y con el corazón un poco desbocado de nostalgia, puse el nombre de mi padre en el buscador de Orsai y aparecieron casi treinta cuentos donde lo nombro. Me los puse a leer, desde el más antiguo al más actual, y lo que leí tenía el tono y el ritmo de una novela involuntaria. Me quedé pasmado. La historia empezaba con él llevándome a rugby hace treinta años, para que yo no fuera puto, y acababa con su muerte sorpresiva y anacrónica.
¿Qué hacía yo, entonces, enviando a imprenta un libro de cuentos dispersos, si tenía frente a mis ojos un material que me hacía saltar las lágrimas cada cuatro líneas?
“El pibe que arruinaba las fotos” nació esa noche en mi cabeza. Descubrí que había escrito una novela de a ratos, sin intención, y que ahora que Roberto ya no estaba esa historia había acabado para siempre. Al día siguiente hablé con Schavelzon, que es mi agente literario, y le pedí que convenciera a la editorial para que me diera más tiempo, porque quería entregar una novela y no un libro de relatos. No le costó mucho que accedieran.
A mí, en cambio, sí me costó editar esas historias. Bastante más de lo que pensaba. No tanto por el trabajo de unir con nuevas letras los huecos entre una historia y la otra, sino porque todos los relatos en los que aparece Roberto estaban narrados en presente. Por ejemplo, en la frase “mi padre es amigo de toda la gente que transpira por placer”, yo tenía que cambiar una sola palabra, nada más que una: en lugar de es amigo, tenía que poner era. Era amigo. Nunca antes los tiempos verbales me habían causado tanto impacto.
Más allá de esos inconvenientes, más emotivos que gramaticales, las historias caían en el papel llenas de enlaces internos, con eslabones propios que las iban atando unas a otras de un modo que, por lo menos a mí, me empezaba a parecer milagroso. El libro crecía conmigo en los bordes, conmigo de espectador, como si un puzzle que tiraras en la mesa se fuera uniendo solo, sin la ayuda de las manos ni el esfuerzo.
Y ahora estoy contento, porque desde esta mañana el libro está en la calle y me gusta que haya surgido de ese modo.
La mayoría de las cosas que están escritas en él (como va siendo costumbre) ustedes las han conocido primero acá, en este blog, porque las escribí en directo y sin filtros literarios. Están las historias que más me gustan de Orsai, ésas en las que aparecen el Chiri, Chichita, Roberto, mi hermana, el Negro Sánchez, Cristina y la Nina. Es decir, están las peores verdades y las mejores mentiras que escribí durante los últimos tres años.
Releyendo lo escrito hasta aquí, me da un poco de resquemor que ustedes puedan sospechar que éste es un texto publicitario. Que digo todo esto para que compren el libro. Me voy a quitar ahora mismo la sensación con un regalo que (también es costumbre) les hago siempre el mismo día que un libro mío aparece en góndola:
Descargar “El pibe que arruinaba las fotos” (.pdf)
Fuente: http://orsai.bitacoras.com/2009/09/el_pibe_que_arruinaba_las_fotos_1.php
Esta mañana (sept. 2009) salió a la venta en España y Argentina una novela que no recuerdo haber escrito nunca. Claro que la escribí yo, palabra por palabra, pero el asunto es que no me di cuenta, hasta hace unos meses, de que aquel montón de historias podían ser una sola. Lo que sí hice, cuando lo supe, fue darles continuidad y ritmo. En eso estuve estos meses de ausencia en Orsai: editando y corrigiendo recuerdos propios. Lo que quedó es, hasta ahora, lo más lindo que escribí en la vida. Y fue sin querer.
Ayer hablé por teléfono con mi hermana, que ya tiene un ejemplar. Me dijo que había llorado y se había reído sin parar, y que era un libro hermoso. Suspiré aliviado, porque me lo decía alguien que protagoniza varios capítulos de la historia, con su nombre y su apellido, y yo nunca le avisé que eso iba a pasar; lo supo con el libro ya en la mano. (No sé por qué me arriesgo tanto a perder la amistad de mi familia.)
La historia de este libro es casual: yo tengo un contrato con Mondadori, por suerte muy flexible, y en abril me tocaba entregar un libro de cuentos. El libro ya estaba terminado y tenía nombre. Pero una tarde me puse a rastrear un correo viejo en el buscador de Gmail, y se me aparecieron varios chats con mi padre. Seguramente yo sabía que ahí estaban todas mis conversaciones con Roberto de los últimos cinco años, pero nunca se me había ocurrido revisarlas después de su muerte.
Esas lecturas me conmocionaron. En casi todas las charlas (generalmente muy nocturnas para mí, y para él antes de cenar) hablábamos de fútbol o de Orsai. Me llamó mucho la atención ese detalle: él me comentaba los cuentos de Orsai, sobre todo las historias en las que aparecía.
Esa noche, después de leer chats antiguos durante horas, y con el corazón un poco desbocado de nostalgia, puse el nombre de mi padre en el buscador de Orsai y aparecieron casi treinta cuentos donde lo nombro. Me los puse a leer, desde el más antiguo al más actual, y lo que leí tenía el tono y el ritmo de una novela involuntaria. Me quedé pasmado. La historia empezaba con él llevándome a rugby hace treinta años, para que yo no fuera puto, y acababa con su muerte sorpresiva y anacrónica.
¿Qué hacía yo, entonces, enviando a imprenta un libro de cuentos dispersos, si tenía frente a mis ojos un material que me hacía saltar las lágrimas cada cuatro líneas?
“El pibe que arruinaba las fotos” nació esa noche en mi cabeza. Descubrí que había escrito una novela de a ratos, sin intención, y que ahora que Roberto ya no estaba esa historia había acabado para siempre. Al día siguiente hablé con Schavelzon, que es mi agente literario, y le pedí que convenciera a la editorial para que me diera más tiempo, porque quería entregar una novela y no un libro de relatos. No le costó mucho que accedieran.
A mí, en cambio, sí me costó editar esas historias. Bastante más de lo que pensaba. No tanto por el trabajo de unir con nuevas letras los huecos entre una historia y la otra, sino porque todos los relatos en los que aparece Roberto estaban narrados en presente. Por ejemplo, en la frase “mi padre es amigo de toda la gente que transpira por placer”, yo tenía que cambiar una sola palabra, nada más que una: en lugar de es amigo, tenía que poner era. Era amigo. Nunca antes los tiempos verbales me habían causado tanto impacto.
Más allá de esos inconvenientes, más emotivos que gramaticales, las historias caían en el papel llenas de enlaces internos, con eslabones propios que las iban atando unas a otras de un modo que, por lo menos a mí, me empezaba a parecer milagroso. El libro crecía conmigo en los bordes, conmigo de espectador, como si un puzzle que tiraras en la mesa se fuera uniendo solo, sin la ayuda de las manos ni el esfuerzo.
Y ahora estoy contento, porque desde esta mañana el libro está en la calle y me gusta que haya surgido de ese modo.
La mayoría de las cosas que están escritas en él (como va siendo costumbre) ustedes las han conocido primero acá, en este blog, porque las escribí en directo y sin filtros literarios. Están las historias que más me gustan de Orsai, ésas en las que aparecen el Chiri, Chichita, Roberto, mi hermana, el Negro Sánchez, Cristina y la Nina. Es decir, están las peores verdades y las mejores mentiras que escribí durante los últimos tres años.
Releyendo lo escrito hasta aquí, me da un poco de resquemor que ustedes puedan sospechar que éste es un texto publicitario. Que digo todo esto para que compren el libro. Me voy a quitar ahora mismo la sensación con un regalo que (también es costumbre) les hago siempre el mismo día que un libro mío aparece en góndola:
Descargar “El pibe que arruinaba las fotos” (.pdf)
Fuente: http://orsai.bitacoras.com/2009/09/el_pibe_que_arruinaba_las_fotos_1.php
lunes, 24 de enero de 2011
Violencia mediática, violencia de género: ¿quién le pone un freno a Tinelli?
La nota es de fines del año pasado, de todas maneras no de deja de tener vigencia puesto que Tinelli siempre ofreció el mismo nefasto producto, con el lamentable aplauso de irresponsables que incluso le hacen reverencias... En el 2011 irá por más y el freno o el aplauso a la mediocridad que daña y destruye depende de nosotrxs, nuestros valores y compromisos. Lenny Cáceres.
“Show Match” , el programa televisivo que conduce Marcelo Tinelli en canal 13, está bajo la lupa de quienes pugnamos por una comunicación no sexista desde hace varios años. Sin duda, los contenidos reproducidos en el segmento predominante “Bailando por un sueño” son la versión exacerbada de la estereotipación del rol que nos asignan como mujeres en esta sociedad: de subordinación ante el varón y objeto sexual de deseo masculino. Y como objeto sexual, las mujeres son las que aportan el mayor valor a la mercancía que vende Tinelli.
Pero el mensaje perverso emitido en “Show Match” no se termina en los minutos de aire que tiene dentro del canal. Los contenidos, sea cual sea su tenor, alimentan a una cantidad significativa de programas de TV que se emiten durante la tarde en aire o cable, de emisiones radiales y de productos digitales. No sólo Tinelli lucra con su “Bailando por un sueño”, muchos otros alimentan sus bolsillos reproduciendo los fragmentos que califican como “mas picantes”. Y un dato esencial que se agrega al desalentador panorama es que es la emisión de mayor raiting de nuestro país.
En los últimos días volvieron a circular por Internet algunas iniciativas ciudadanas, entre ellas un mail que cuestiona el concurso que proponía que “jóvenes bonitas de hasta 40 años” se candidatearan para ser la pareja de Ricardo Fort a cambio de promesas de dinero, auto, tarjeta de crédito. En ese mail se afirma que Tinelli puede ser denunciado por “lenocinio”. (delito doloso -conocimiento que se está prostituyendo a una persona y voluntad de hacerlo- cuyo elemento subjetivo es el ánimo de lucro o de satisfacer deseos ajenos).
La polémica siguió alimentándose y agravandose. El lunes 25 de octubre una coreografía bailada por Silvina Escudero de alto contenido erótico renovó las críticas. No vale mencionar de que se trataba la escena que ha sido reproducida a mansalva por diestra y siniestra, pero fue una suerte de gota que rebalsó el vaso. La violencia mediática ejercida en “Show Match” parece no tener freno.
“El cuadro de baile protagonizado por Silvina Escudero y su partenaire, al parecer sobrepasó los límites razonables de lo que debe ser un espectáculo público y de semejante masividad”, señaló la Autoridad Federal de Servicios Audiovisuales (AFSCA) en un comunicado en el que indica que se encuentra evaluando posible sanciones. Pero al mismo tiempo le da una suerte de salvaguarda al asegurar que “funciona como atenuante” que la escena se haya dado en el marco del “horario de protección al menor”. Si aclara que para quienes lo hayan reproducido fuera de este horario cabría una sanción “estipulada dentro de lo que el artículo 107º inciso d) de la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual considera directamente como falta grave: “Las representaciones explícitas de actos sexuales que no sean con fines educativos. La desnudez y el lenguaje adulto fuera de contexto”.
Frente a esto me pregunto ¿quién le pone un freno a Tinelli? ¿la sanción cabe solo para quienes reprodujeron la coreografía fuera del horario de protección? ¿con qué otras herramientas contamos? ¿existe multa económica que pueda equipararse con el lucro que hace Ideas del Sur con este programa?.
Vale mencionar también que la nueva Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual establece en el apartado ‘m’ del artículo Tercero como objetivo de los mensajes “promover la protección y salvaguarda de la igualdad entre hombres y mujeres, y el tratamiento plural, igualitario y no estereotipado, evitando toda discriminación por género u orientación sexual”. El comunicado de AFSCA obvía mencionar este apartado.
No está de mas recordar que durante el gobierno de Néstor Kirchner nuestro país adhirió al Protocolo Facultativo de la Convención para Todas las Formas de Discriminación contra la Mujer (CEDAW por su sigla en inglés). Dicho protocolo insta en el apartado ‘a’ del artículo 5 a “modificar los patrones socioculturales de conducta de hombres y mujeres, con miras a alcanzar la eliminación de los prejuicios y las prácticas consuetudinarias y de cualquier otra índole que estén basados en la idea de la inferioridad o superioridad de cualquiera de los sexos o en funciones estereotipadas de hombres y mujeres”.
Un herramienta contundente para erradicar los mensajes sexistas emitidos en el programa de Tinelli es la “Ley de protección integral para prevenir, sancionar y erradicar la violencia contra las mujeres”, disposición sancionada en 2006 y reglamentada recientemente. Esta ley define la “violencia mediática” como una modalidad en la que se manifiestan las diferentes formas de violencia contra la mujer y dice al respecto que es “aquella publicación o difusión de mensajes e imágenes estereotipados a través de cualquier medio masivo de comunicación, que de manera directa o indirecta promueva la explotación de mujeres o sus imágenes, injurie, difame, discrimine, deshonre, humille o atente contra la dignidad de las mujeres, como así también la utilización de mujeres, adolescentes y niñas en mensajes e imágenes pornográficas, legitimando la desigualdad de trato o construya patrones socioculturales reproductores de la desigualdad o generadores de violencia contra las mujeres”.
No fue mi intención con esta reflexión abarrotarlas/los de elementos jurídicos, sino visualizar que sobran herramientas para sancionar y erradicar estas conductas. Quizá lo que falte sea decisión política para que tantas leyes no caigan en letra muerta.
Belén Spinetta
Colega, compañera integrante de la Red PAR
http://www.redpar.com.ar
“Show Match” , el programa televisivo que conduce Marcelo Tinelli en canal 13, está bajo la lupa de quienes pugnamos por una comunicación no sexista desde hace varios años. Sin duda, los contenidos reproducidos en el segmento predominante “Bailando por un sueño” son la versión exacerbada de la estereotipación del rol que nos asignan como mujeres en esta sociedad: de subordinación ante el varón y objeto sexual de deseo masculino. Y como objeto sexual, las mujeres son las que aportan el mayor valor a la mercancía que vende Tinelli.
Pero el mensaje perverso emitido en “Show Match” no se termina en los minutos de aire que tiene dentro del canal. Los contenidos, sea cual sea su tenor, alimentan a una cantidad significativa de programas de TV que se emiten durante la tarde en aire o cable, de emisiones radiales y de productos digitales. No sólo Tinelli lucra con su “Bailando por un sueño”, muchos otros alimentan sus bolsillos reproduciendo los fragmentos que califican como “mas picantes”. Y un dato esencial que se agrega al desalentador panorama es que es la emisión de mayor raiting de nuestro país.
En los últimos días volvieron a circular por Internet algunas iniciativas ciudadanas, entre ellas un mail que cuestiona el concurso que proponía que “jóvenes bonitas de hasta 40 años” se candidatearan para ser la pareja de Ricardo Fort a cambio de promesas de dinero, auto, tarjeta de crédito. En ese mail se afirma que Tinelli puede ser denunciado por “lenocinio”. (delito doloso -conocimiento que se está prostituyendo a una persona y voluntad de hacerlo- cuyo elemento subjetivo es el ánimo de lucro o de satisfacer deseos ajenos).
La polémica siguió alimentándose y agravandose. El lunes 25 de octubre una coreografía bailada por Silvina Escudero de alto contenido erótico renovó las críticas. No vale mencionar de que se trataba la escena que ha sido reproducida a mansalva por diestra y siniestra, pero fue una suerte de gota que rebalsó el vaso. La violencia mediática ejercida en “Show Match” parece no tener freno.
“El cuadro de baile protagonizado por Silvina Escudero y su partenaire, al parecer sobrepasó los límites razonables de lo que debe ser un espectáculo público y de semejante masividad”, señaló la Autoridad Federal de Servicios Audiovisuales (AFSCA) en un comunicado en el que indica que se encuentra evaluando posible sanciones. Pero al mismo tiempo le da una suerte de salvaguarda al asegurar que “funciona como atenuante” que la escena se haya dado en el marco del “horario de protección al menor”. Si aclara que para quienes lo hayan reproducido fuera de este horario cabría una sanción “estipulada dentro de lo que el artículo 107º inciso d) de la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual considera directamente como falta grave: “Las representaciones explícitas de actos sexuales que no sean con fines educativos. La desnudez y el lenguaje adulto fuera de contexto”.
Frente a esto me pregunto ¿quién le pone un freno a Tinelli? ¿la sanción cabe solo para quienes reprodujeron la coreografía fuera del horario de protección? ¿con qué otras herramientas contamos? ¿existe multa económica que pueda equipararse con el lucro que hace Ideas del Sur con este programa?.
Vale mencionar también que la nueva Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual establece en el apartado ‘m’ del artículo Tercero como objetivo de los mensajes “promover la protección y salvaguarda de la igualdad entre hombres y mujeres, y el tratamiento plural, igualitario y no estereotipado, evitando toda discriminación por género u orientación sexual”. El comunicado de AFSCA obvía mencionar este apartado.
No está de mas recordar que durante el gobierno de Néstor Kirchner nuestro país adhirió al Protocolo Facultativo de la Convención para Todas las Formas de Discriminación contra la Mujer (CEDAW por su sigla en inglés). Dicho protocolo insta en el apartado ‘a’ del artículo 5 a “modificar los patrones socioculturales de conducta de hombres y mujeres, con miras a alcanzar la eliminación de los prejuicios y las prácticas consuetudinarias y de cualquier otra índole que estén basados en la idea de la inferioridad o superioridad de cualquiera de los sexos o en funciones estereotipadas de hombres y mujeres”.
Un herramienta contundente para erradicar los mensajes sexistas emitidos en el programa de Tinelli es la “Ley de protección integral para prevenir, sancionar y erradicar la violencia contra las mujeres”, disposición sancionada en 2006 y reglamentada recientemente. Esta ley define la “violencia mediática” como una modalidad en la que se manifiestan las diferentes formas de violencia contra la mujer y dice al respecto que es “aquella publicación o difusión de mensajes e imágenes estereotipados a través de cualquier medio masivo de comunicación, que de manera directa o indirecta promueva la explotación de mujeres o sus imágenes, injurie, difame, discrimine, deshonre, humille o atente contra la dignidad de las mujeres, como así también la utilización de mujeres, adolescentes y niñas en mensajes e imágenes pornográficas, legitimando la desigualdad de trato o construya patrones socioculturales reproductores de la desigualdad o generadores de violencia contra las mujeres”.
No fue mi intención con esta reflexión abarrotarlas/los de elementos jurídicos, sino visualizar que sobran herramientas para sancionar y erradicar estas conductas. Quizá lo que falte sea decisión política para que tantas leyes no caigan en letra muerta.
Belén Spinetta
Colega, compañera integrante de la Red PAR
http://www.redpar.com.ar
sábado, 15 de enero de 2011
Jugando a Verse/arte... El libro de SIL
¡Imperdible!!!
Silvina Grimaldi Bonin nació el 8 de marzo de 1971 en la Provincia de Santa Fe, República Argentina; ha rendido culto silencioso a la poesía desde los ocho años de edad y a través de este primer libro, comienza a transitar la maravillosa aventura de hacer públicos sus trabajos literarios a fin de que esos textos atesorados durante tanto tiempo vean la luz, lleguen al ocasional lector de un modo físico y, si las estrellas obran a favor de tal objetivo, se impriman en la memoria del mismo, acuñándose a través de ese contacto mágico, el milagro de la trascendencia.
Fuente: http://www.dunken.com.ar/web2/libreria_detalle.php?id=10507%20#0
| Jugando a verse/arte | ||
| Grimaldi Bonin Silvina | ||
| Poesía | ||
| Colofón:28/12/2010 | ||
| Editorial: DUNKEN | ||
| ISBN:978-9870249337 | ||
| 216 páginas | ||
| Castellano | ||
| Sinopsis: | ||
Las estadísticas aseguran que la Poesía murió sobre los anaqueles (devenidos en criptas adornadas con líricos epitafios) Esta autora refuta esa teoría, aseverando que la maravillosa raza de los amantes de la Poesía vivirá eternamente. La suerte que corra este libro determinará quién tenía razón. La Autora | ||
Fuente: http://www.dunken.com.ar/web2/libreria_detalle.php?id=10507%20#0
domingo, 26 de diciembre de 2010
Derechos de autor en un mundo digital
16.12.2010
Los derechos de autor de los periodistas como creadores en el proceso de la información deben ser reconocidos moral y económicamente para mantener la calidad del periodismo. Esta fue la principal conclusión del encuentro "Derechos de autor en un mundo digital: por un acuerdo justo para los periodistas",celebrado en Grecia por la Federación Europea de Periodistas.
Cincuenta profesionales representantes de otras tantas asociaciones europeas apoyaron la iniciativa de llevar a cabo una campaña en defensa de los derechos de autor de los periodistas, en contra de la opinión general de editores y propietarios de medios que los consideran patrimonio empresarial. La campaña se enmarca en la actual iniciativa de la Federación Internacional de Periodistas, que tiene por lema “Periodismo como bien público”.
En representación de la Federación de Asociaciones de Periodistas de España , Luis Menéndez, defendió el contenido del artículo 32 de la Ley española de Propiedad Intelectual, que reconoce derechos de autor a los creadores de la noticia. La disyuntiva consiste en definir al creador de la noticia. La FAPE entiende que la ley se refiere aquí a los periodistas, mientras que los editores españoles se apoyan en el artículo 8 de la misma norma que define que los medios, en especial los periódicos, son “obras colectivas”.
La FAPE sostiene, por el contrario, que los periódicos son “obras complejas”, por lo que defiende unamodificación de la ley en ese sentido. Esta Federación considera, asimismo, que los periodistas deben percibir una compensación económica cada vez que se utiliza su creación, incluso en los casos en que se destina a varios medios o soportes de un mismo grupo. El reconocimiento de los derechos de autor de los periodistas debe aplicarse a todos los medios, incluidas las noticias que se producen solo para los digitales.
Los participantes en el encuentro mostraron su preocupación por los embates de la crisis económica sobre la profesión, con un aumento dramático del desempleo y el incremento de los profesionales freelances, para los que se propuso un contrato tipo mejorado al estar considerado uno de los colectivos más vapuleado por los recortes.
La cita sobre derechos de autor de los periodistas sirvió para poner sobre la mesa modelos europeos como las agencias de copyright en el caso anglosajón, o sociedades de gestión colectiva, en el resto de países. Mención aparte merece la sociedad belga de derechos de autor de los periodistas que gestiona y distribuye los beneficios tanto por publicación o emisión original como, por copia.
http://www.infoperiodistas.info
domingo, 19 de diciembre de 2010
La tele, un sistema cerrado de espejos y reflejos de sí misma
El programa de Tinelli, que fue lo más visto del año, es cada vez más un vulgar circo mediático basado en los escándalos reales y/o armados. El ciclo de Canal 7, por otra parte, marcó el paso del supuesto “periodismo objetivo” al periodismo con posición.
Por Emanuel Respighi- Página 12
Fueron las dos caras –antagónicas, por cierto– de una misma pantalla. Los dos polos de atracción que signaron la televisión argentina de 2010, en una temporada que se caracterizó por los contrastes de estas dos propuestas que acapararon horas enteras del aire, a través de “programas sucursales” que funcionaron como propagadores infatigables de sus contenidos. Los que se convirtieron en tema de debate obligado en el tiempo muerto del trabajo, en la sobremesa familiar o en cualquier otro ámbito en el que dos o más personas dispusieran de tiempo para charlar. Por un lado, un ShowMatch cada vez más convertido en un vulgar circo mediático al que sólo le quedan los escándalos –reales y/o armados– para mantenerse como el programa más visto de la TV argentina (tanto en audiencia como en horas que otros programas le dedican al ciclo de Marcelo Tinelli). En el otro extremo, 6, 7, 8 revolucionó el periodismo televisivo desmantelando discursos y posiciones mediático-políticas, convirtiéndose en la llave de un derrotero que pasó del supuesto “periodismo objetivo” al periodismo con posición. Claramente, fueron los dos programas que marcaron a fuego la TV de 2010, transformada ya definitivamente en un sistema cerrado de espejos y reflejos de ella misma.
La temporada que culmina no será recordada como una de las más prósperas en términos de calidad e innovación para la pantalla chica. El interés artístico, la búsqueda de nuevos lenguajes y la pretensión de originalidad fueron cediendo lugar ante el avance de los programas de archivo y la idea cada vez más extendida entre los programadores y productores de que los escándalos y los chimentos del mundo del “espectáculo” son los dos ejes temáticos que los televidentes quieren ver. En ese contexto, la TV volvió a priorizar la fórmula fácil y se resignó a correr detrás de ShowMatch como nunca antes lo había hecho. Como consecuencia, la ficción se llevó la peor parte: hubo pocas propuestas del género, a las cuales no sólo el público no acompañó sino que, en muchos casos, tampoco lo hicieron los programadores, que decidieron levantarlas abruptamente (Caín & Abel, Secretos de amor) o modificaron el horario de sus emisiones (Alguien que me quiera).
La tinellización de la TV
Debe tratarse de un hecho iné-dito para la historia de la televisión mundial, porque no debe existir otra industria televisiva que base su programación alrededor de un único programa. La pantalla chica de 2010 vivió a la sombra de ShowMatch, convertido ya en un programa obsceno que antepone a cualquier atisbo de criterio artístico, ético y moral su irrefrenable saciedad de rating. Con la cobertura del “gran show”, la creación de Marcelo Tinelli ya ni siquiera trata de ocultar su única pretensión de generar disputas y conflictos entre los participantes de un supuesto concurso de baile, para exponer durante varias horas diarias toda clase de miserias humanas (basta saber que cuando Baila Argentina no funcionó en audiencia, el reality federal fue abandonado a su suerte). Todo con el aval de un maquiavélico Tinelli, que detrás de su cara de sorprendido y desconcertado por lo que ocurre en el programa esconde la mente de quien digita cada cosa que pasa y no pone límite alguno con tal de hipnotizar televidentes.
Este año, el contenido de ShowMatch alimentó casi 24 horas diarias de TV entre sus derivados (Este es el show, Sábado show, Intrusos, Viviana Canosa, Infama, AM, Mañaneras, Demoliendo teles, RSM, etcétera), siendo tema de seguimiento obligado por ciclos periodísticos, de entretenimientos y de chimentos de los diferentes canales de aire privados. Los 30 puntos de rating diarios de ShowMatch hicieron que nadie pudiese –o no quisiese– evitar referirse al programa más visto de la TV desde hace dos décadas. Esa exposición continua de culos y tetas, chistes de mal gusto y discusiones vulgares entre los participantes hicieron que en este 2010 que se va Tinelli cumpliera el sueño de tener un canal propio. Sólo que no tuvo una única frecuencia sino que su “programación” se coló a toda hora en cualquiera de los cuatro canales de aire privados, donde hasta El Trece (Este es el show) y Telefe (Zapping diario) se resignaron e incluyeron en sus grillas diarias programas que se hacen eco de los conflictos televisivos, en una fina separación con los programas de chimentos.
El bombardeo mediático de ShowMatch, entonces, digitó buena parte del consumo televisivo de 2010. Las discusiones de poca monta y mal gusto entre Ricardo Fort, Graciela Alfano, Aníbal Pachano y las hermanas Escudero fueron la comidilla de una industria que se rindió a los pies de un ciclo para el que el baile sirve de excusa para mostrar lo peor de la condición humana. ¡Si hasta hubo dos galas en las que de tanta discusión sin sentido pero cargadas de insultos los participantes no llegaron a bailar! Así, el estudio caliente de ShowMatch se erigió como una suerte de ágora pública para que su fauna disertara sobre el HIV o la violencia de género con la misma liviandad con la que discuten la calificación de un baile, sin considerar que todos ellos –lamentablemente– se convirtieron en modelos sociales a partir de su sobreexposición mediática.
Basta cotejar la escasa audiencia que ficciones como Alguien que me quiera, Botineras, Contra las cuerdas y la recientemente levantada Caín & Abel cosecharon diariamente en el prime time durante este año para tomar conciencia de que la tinellización de la televisión consolidó un registro que determina las preferencias de la audiencia. En este momento de la TV, la disposición de los televidentes a seguir en el tiempo historias que requieren de cierta complejidad, y con un tratamiento alejado a la industria del efecto en continuado, parece no ser la de hace algunos años, cuando las ficciones competían entre sí para ser el programa más visto. El abrupto final por bajo rating de Caín & Abel, una telenovela de historia densa, con actuaciones brillantes, visual y musicalmente atractiva, es una señal de alerta sobre el estado de la televisión. Tinelli y una industria que funcionó bajo su sombra lo hicieron.
En este panorama, es coherente que la ficción más vista del año haya sido Malparida. Luego de que Alguien que me quiera no funcionara como se esperaba y dejara el horario de las 21.30 para pasar a emitirse a las 19, el “Plan B” diseñado por Adrián Suar para reemplazar al éxito de Valientes tuvo la sensibilidad de captar las preferencias de un público adormecido y programar un culebrón hecho y derecho. Con una historia de entretenimiento básico, que no le genera al televidente reflexión ni identificación alguna, y con el protagónico de una Juana Viale que deshonra con su actuación a grandes intérpretes del género, Malparida promedió los 22 puntos diarios y satisfizo las necesidades de El Trece, que está a punto de ganar el año en el rating.
Planillas aparte, lo mejor de la ficción estuvo dado por los unitarios. El Bicentenario del comienzo del proceso independentista del país sirvió como plataforma para que la pantalla chica recuperara uno de los géneros que había dejado en el olvido: el de la ficción histórica. A través del ciclo Lo que el Tiempo nos Dejó, la producción de Underground para Telefe contó momentos y hechos de la historia argentina del siglo XX en seis telefilms irreprochables desde los rubros técnicos (la ambientación de época, el vestuario y la fotografía estuvieron a la altura de las circunstancias), amén de algunos maniqueísmos en el guión, tal vez propios de la dificultad que representa plasmar historias complejas en 40 minutos. La otra propuesta interesante del año fue Para vestir santos, el unitario que Pol-ka realiza para El Trece (culmina el miércoles, a las 22.45), que no sólo volvió a poner en pantalla las credenciales de la productora en el género, sino que además se animó a jugar con el musical dentro de su estructura dramática, sin perder encanto.
Aunque se haya estrenado en 2009, la finalización de Ciega a citas a finales de mayo requiere de un comentario especial. La comedia de Rosstoc con la que Canal 7 volvió a incluir en su programación la ficción nacional demostró que una historia bien contada y actuada, en la que cada engranaje se pone al servicio del producto, puede atraer a un público no habituado a sintonizar la emisora estatal. Nominada al Emmy Internacional, la telenovela surgida de un blog supo armonizar el mundo de Internet y el de la TV en su propuesta, con una coherencia en su armado que culminó con un especial acorde con su origen, en el que el público votó al mejor de los tres finales posibles para la historia protagonizada por Muriel Santa Ana y Rafael Ferro. Es justo señalar que, en contrapartida, la segunda temporada de Todos contra Juan no le dio tantas alegrías a la productora de Gastón Pauls, que a mediados de año cerró sus puertas por una supuesta estafa del socio Alejandro Suaya.
Periodismo sin maquillaje
Envuelto en la contienda político-mediática que asomó su potencialidad en el debate sobre la Resolución 125, y que terminó de hacer eclosión a partir de la decisión del Gobierno de enviar al Congreso la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual, actualmente en vigencia, el periodismo televisivo atravesó en 2010 una etapa en la que las máscaras de las que se valían muchos periodistas y medios se fueron cayendo en la misma proporción que lo hacía su credibilidad. Si hasta no hace mucho para que algo fuera verdad debía salir en la TV, en la actualidad los televidentes han aprendido que el periodismo objetivo, independiente, no existe como entidad pura, impermeable a pensamientos e intereses políticos, sociales, económicos y/o culturales. Este fue el año en el que, por convicciones propias o por intereses empresariales, al periodismo televisivo no le quedó otra que proceder a cara descubierta.
El programa que metió el dedo en la llaga y revolucionó el medio fue 6, 7, 8, que aunque está al aire desde 2009 fue en este año cuando consolidó desde la pantalla estatal su lugar de “tema de conversación en la opinión pública”, multiplicando su mensaje a través del regreso de Duro de domar y de TVR, ciclos también producidos por PPT. Con una línea editorial abierta y orgullosamente oficialista, 6, 7, 8 puso negro sobre blanco sobre quién es quién en el periodismo actual, analizando el discurso mediático que se propaga ante cada tema de interés. El programa conducido por Luciano Galende asume hoy un protagonismo vital y activo dentro de la política, que incluso trasciende los límites televisivos (sus fieles seguidores han llegado a organizar manifestaciones públicas por diferentes causas). Valiéndose de material de archivo e invitados afines a su línea editorial, 6, 7, 8 abrió la posibilidad de que haya un debate periodístico-político en la TV argentina que no se da puertas adentro, sino intracanales o intraprogramas. Por eso es un programa que marcó un antes y un después dentro del género televisivo.
Acorde con la TV del efecto continuo que se consolidó en estos últimos años, abundan en el medio programas como Calles salvajes, GPS o Policías en acción, ciclos “periodísticos” que –al igual que Tinelli– se nutren de las miserias de la vida cotidiana de los más necesitados sin espacio para el análisis, con la sola finalidad de mostrar imágenes de alto impacto. Que en este escenario, en el que desde los noticieros o algunos periodísticos se elige retratar lo peor, haya un espacio como 6, 7, 8 para reflexionar sobre diversas temáticas de interés social –más allá de la posición política a la que se adhiera– no es poco. El arribo a Canal 9 de Bajada de línea, con la credibilidad, coherencia y trayectoria de Víctor Hugo Morales sumó al periodismo televisivo a un interlocutor válido desde el punto de vista de la honestidad intelectual desde la que dice lo que piensa.
En la era del periodismo subjetivo explícito, los programas de archivo que otrora buscaban furcios e inocuos errores hoy son el espacio elegido por las emisoras para reafimar su posición sobre algún tema o desacreditar al otro. Cada uno con su estilo, con mayor o menor grado de exposición de su línea editorial, TVR, Zapping y Demoliendo teles funcionan como brazos mediáticos armados de una idea política o de una idea empresarial. Si anteriormente el valor de un programa del género descansaba en el nivel de hallazgos televisivos que retransmitía, mostrando aquello que se escapaba a los ojos de los televidentes, ahora su sentido de ser pasa exclusivamente por ser difusores acríticos de programas de la casa, o de propagadores críticos de ciclos ajenos.
Entre la TV basura a toda hora y el fin del supuesto periodismo objetivo, entre la persecución de rating como único parámetro válido para decidir la suerte de un ciclo y la autorreferencialidad como caja de resonancia siempre a mano, la TV de 2010 termina con la esperanza de que el próximo año la pantalla chica apueste a propuestas diversas y originales. Por un 2011 en el que vuelva a primar en la TV el criterio artístico... ¡Salud!
Por Emanuel Respighi- Página 12
Fueron las dos caras –antagónicas, por cierto– de una misma pantalla. Los dos polos de atracción que signaron la televisión argentina de 2010, en una temporada que se caracterizó por los contrastes de estas dos propuestas que acapararon horas enteras del aire, a través de “programas sucursales” que funcionaron como propagadores infatigables de sus contenidos. Los que se convirtieron en tema de debate obligado en el tiempo muerto del trabajo, en la sobremesa familiar o en cualquier otro ámbito en el que dos o más personas dispusieran de tiempo para charlar. Por un lado, un ShowMatch cada vez más convertido en un vulgar circo mediático al que sólo le quedan los escándalos –reales y/o armados– para mantenerse como el programa más visto de la TV argentina (tanto en audiencia como en horas que otros programas le dedican al ciclo de Marcelo Tinelli). En el otro extremo, 6, 7, 8 revolucionó el periodismo televisivo desmantelando discursos y posiciones mediático-políticas, convirtiéndose en la llave de un derrotero que pasó del supuesto “periodismo objetivo” al periodismo con posición. Claramente, fueron los dos programas que marcaron a fuego la TV de 2010, transformada ya definitivamente en un sistema cerrado de espejos y reflejos de ella misma.
La temporada que culmina no será recordada como una de las más prósperas en términos de calidad e innovación para la pantalla chica. El interés artístico, la búsqueda de nuevos lenguajes y la pretensión de originalidad fueron cediendo lugar ante el avance de los programas de archivo y la idea cada vez más extendida entre los programadores y productores de que los escándalos y los chimentos del mundo del “espectáculo” son los dos ejes temáticos que los televidentes quieren ver. En ese contexto, la TV volvió a priorizar la fórmula fácil y se resignó a correr detrás de ShowMatch como nunca antes lo había hecho. Como consecuencia, la ficción se llevó la peor parte: hubo pocas propuestas del género, a las cuales no sólo el público no acompañó sino que, en muchos casos, tampoco lo hicieron los programadores, que decidieron levantarlas abruptamente (Caín & Abel, Secretos de amor) o modificaron el horario de sus emisiones (Alguien que me quiera).
La tinellización de la TV
Debe tratarse de un hecho iné-dito para la historia de la televisión mundial, porque no debe existir otra industria televisiva que base su programación alrededor de un único programa. La pantalla chica de 2010 vivió a la sombra de ShowMatch, convertido ya en un programa obsceno que antepone a cualquier atisbo de criterio artístico, ético y moral su irrefrenable saciedad de rating. Con la cobertura del “gran show”, la creación de Marcelo Tinelli ya ni siquiera trata de ocultar su única pretensión de generar disputas y conflictos entre los participantes de un supuesto concurso de baile, para exponer durante varias horas diarias toda clase de miserias humanas (basta saber que cuando Baila Argentina no funcionó en audiencia, el reality federal fue abandonado a su suerte). Todo con el aval de un maquiavélico Tinelli, que detrás de su cara de sorprendido y desconcertado por lo que ocurre en el programa esconde la mente de quien digita cada cosa que pasa y no pone límite alguno con tal de hipnotizar televidentes.
Este año, el contenido de ShowMatch alimentó casi 24 horas diarias de TV entre sus derivados (Este es el show, Sábado show, Intrusos, Viviana Canosa, Infama, AM, Mañaneras, Demoliendo teles, RSM, etcétera), siendo tema de seguimiento obligado por ciclos periodísticos, de entretenimientos y de chimentos de los diferentes canales de aire privados. Los 30 puntos de rating diarios de ShowMatch hicieron que nadie pudiese –o no quisiese– evitar referirse al programa más visto de la TV desde hace dos décadas. Esa exposición continua de culos y tetas, chistes de mal gusto y discusiones vulgares entre los participantes hicieron que en este 2010 que se va Tinelli cumpliera el sueño de tener un canal propio. Sólo que no tuvo una única frecuencia sino que su “programación” se coló a toda hora en cualquiera de los cuatro canales de aire privados, donde hasta El Trece (Este es el show) y Telefe (Zapping diario) se resignaron e incluyeron en sus grillas diarias programas que se hacen eco de los conflictos televisivos, en una fina separación con los programas de chimentos.
El bombardeo mediático de ShowMatch, entonces, digitó buena parte del consumo televisivo de 2010. Las discusiones de poca monta y mal gusto entre Ricardo Fort, Graciela Alfano, Aníbal Pachano y las hermanas Escudero fueron la comidilla de una industria que se rindió a los pies de un ciclo para el que el baile sirve de excusa para mostrar lo peor de la condición humana. ¡Si hasta hubo dos galas en las que de tanta discusión sin sentido pero cargadas de insultos los participantes no llegaron a bailar! Así, el estudio caliente de ShowMatch se erigió como una suerte de ágora pública para que su fauna disertara sobre el HIV o la violencia de género con la misma liviandad con la que discuten la calificación de un baile, sin considerar que todos ellos –lamentablemente– se convirtieron en modelos sociales a partir de su sobreexposición mediática.
Basta cotejar la escasa audiencia que ficciones como Alguien que me quiera, Botineras, Contra las cuerdas y la recientemente levantada Caín & Abel cosecharon diariamente en el prime time durante este año para tomar conciencia de que la tinellización de la televisión consolidó un registro que determina las preferencias de la audiencia. En este momento de la TV, la disposición de los televidentes a seguir en el tiempo historias que requieren de cierta complejidad, y con un tratamiento alejado a la industria del efecto en continuado, parece no ser la de hace algunos años, cuando las ficciones competían entre sí para ser el programa más visto. El abrupto final por bajo rating de Caín & Abel, una telenovela de historia densa, con actuaciones brillantes, visual y musicalmente atractiva, es una señal de alerta sobre el estado de la televisión. Tinelli y una industria que funcionó bajo su sombra lo hicieron.
En este panorama, es coherente que la ficción más vista del año haya sido Malparida. Luego de que Alguien que me quiera no funcionara como se esperaba y dejara el horario de las 21.30 para pasar a emitirse a las 19, el “Plan B” diseñado por Adrián Suar para reemplazar al éxito de Valientes tuvo la sensibilidad de captar las preferencias de un público adormecido y programar un culebrón hecho y derecho. Con una historia de entretenimiento básico, que no le genera al televidente reflexión ni identificación alguna, y con el protagónico de una Juana Viale que deshonra con su actuación a grandes intérpretes del género, Malparida promedió los 22 puntos diarios y satisfizo las necesidades de El Trece, que está a punto de ganar el año en el rating.
Planillas aparte, lo mejor de la ficción estuvo dado por los unitarios. El Bicentenario del comienzo del proceso independentista del país sirvió como plataforma para que la pantalla chica recuperara uno de los géneros que había dejado en el olvido: el de la ficción histórica. A través del ciclo Lo que el Tiempo nos Dejó, la producción de Underground para Telefe contó momentos y hechos de la historia argentina del siglo XX en seis telefilms irreprochables desde los rubros técnicos (la ambientación de época, el vestuario y la fotografía estuvieron a la altura de las circunstancias), amén de algunos maniqueísmos en el guión, tal vez propios de la dificultad que representa plasmar historias complejas en 40 minutos. La otra propuesta interesante del año fue Para vestir santos, el unitario que Pol-ka realiza para El Trece (culmina el miércoles, a las 22.45), que no sólo volvió a poner en pantalla las credenciales de la productora en el género, sino que además se animó a jugar con el musical dentro de su estructura dramática, sin perder encanto.
Aunque se haya estrenado en 2009, la finalización de Ciega a citas a finales de mayo requiere de un comentario especial. La comedia de Rosstoc con la que Canal 7 volvió a incluir en su programación la ficción nacional demostró que una historia bien contada y actuada, en la que cada engranaje se pone al servicio del producto, puede atraer a un público no habituado a sintonizar la emisora estatal. Nominada al Emmy Internacional, la telenovela surgida de un blog supo armonizar el mundo de Internet y el de la TV en su propuesta, con una coherencia en su armado que culminó con un especial acorde con su origen, en el que el público votó al mejor de los tres finales posibles para la historia protagonizada por Muriel Santa Ana y Rafael Ferro. Es justo señalar que, en contrapartida, la segunda temporada de Todos contra Juan no le dio tantas alegrías a la productora de Gastón Pauls, que a mediados de año cerró sus puertas por una supuesta estafa del socio Alejandro Suaya.
Periodismo sin maquillaje
Envuelto en la contienda político-mediática que asomó su potencialidad en el debate sobre la Resolución 125, y que terminó de hacer eclosión a partir de la decisión del Gobierno de enviar al Congreso la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual, actualmente en vigencia, el periodismo televisivo atravesó en 2010 una etapa en la que las máscaras de las que se valían muchos periodistas y medios se fueron cayendo en la misma proporción que lo hacía su credibilidad. Si hasta no hace mucho para que algo fuera verdad debía salir en la TV, en la actualidad los televidentes han aprendido que el periodismo objetivo, independiente, no existe como entidad pura, impermeable a pensamientos e intereses políticos, sociales, económicos y/o culturales. Este fue el año en el que, por convicciones propias o por intereses empresariales, al periodismo televisivo no le quedó otra que proceder a cara descubierta.
El programa que metió el dedo en la llaga y revolucionó el medio fue 6, 7, 8, que aunque está al aire desde 2009 fue en este año cuando consolidó desde la pantalla estatal su lugar de “tema de conversación en la opinión pública”, multiplicando su mensaje a través del regreso de Duro de domar y de TVR, ciclos también producidos por PPT. Con una línea editorial abierta y orgullosamente oficialista, 6, 7, 8 puso negro sobre blanco sobre quién es quién en el periodismo actual, analizando el discurso mediático que se propaga ante cada tema de interés. El programa conducido por Luciano Galende asume hoy un protagonismo vital y activo dentro de la política, que incluso trasciende los límites televisivos (sus fieles seguidores han llegado a organizar manifestaciones públicas por diferentes causas). Valiéndose de material de archivo e invitados afines a su línea editorial, 6, 7, 8 abrió la posibilidad de que haya un debate periodístico-político en la TV argentina que no se da puertas adentro, sino intracanales o intraprogramas. Por eso es un programa que marcó un antes y un después dentro del género televisivo.
Acorde con la TV del efecto continuo que se consolidó en estos últimos años, abundan en el medio programas como Calles salvajes, GPS o Policías en acción, ciclos “periodísticos” que –al igual que Tinelli– se nutren de las miserias de la vida cotidiana de los más necesitados sin espacio para el análisis, con la sola finalidad de mostrar imágenes de alto impacto. Que en este escenario, en el que desde los noticieros o algunos periodísticos se elige retratar lo peor, haya un espacio como 6, 7, 8 para reflexionar sobre diversas temáticas de interés social –más allá de la posición política a la que se adhiera– no es poco. El arribo a Canal 9 de Bajada de línea, con la credibilidad, coherencia y trayectoria de Víctor Hugo Morales sumó al periodismo televisivo a un interlocutor válido desde el punto de vista de la honestidad intelectual desde la que dice lo que piensa.
En la era del periodismo subjetivo explícito, los programas de archivo que otrora buscaban furcios e inocuos errores hoy son el espacio elegido por las emisoras para reafimar su posición sobre algún tema o desacreditar al otro. Cada uno con su estilo, con mayor o menor grado de exposición de su línea editorial, TVR, Zapping y Demoliendo teles funcionan como brazos mediáticos armados de una idea política o de una idea empresarial. Si anteriormente el valor de un programa del género descansaba en el nivel de hallazgos televisivos que retransmitía, mostrando aquello que se escapaba a los ojos de los televidentes, ahora su sentido de ser pasa exclusivamente por ser difusores acríticos de programas de la casa, o de propagadores críticos de ciclos ajenos.
Entre la TV basura a toda hora y el fin del supuesto periodismo objetivo, entre la persecución de rating como único parámetro válido para decidir la suerte de un ciclo y la autorreferencialidad como caja de resonancia siempre a mano, la TV de 2010 termina con la esperanza de que el próximo año la pantalla chica apueste a propuestas diversas y originales. Por un 2011 en el que vuelva a primar en la TV el criterio artístico... ¡Salud!
miércoles, 15 de diciembre de 2010
La Fundéu BBVA elabora el primer manual de estilo en español para Internet
La Fundación del Español Urgente (Fundéu BBVA) ha puesto en marcha la elaboración del primer manual de estilo en español para escribir correctamente en Internet, las redes sociales y en cualquier dispositivo electrónico o canal de comunicación digital.
Este proyecto, que dirigirá el periodista español Mario Tascón y que será financiado por el BBVA, asumirá los cambios que provoca en el lenguaje el nuevo mundo virtual, según ha informado hoy a Efe la Fundéu BBVA.
«En un entorno en el que el idioma evoluciona cada vez más rápido, queremos poner en marcha una nueva herramienta para ayudar a los hispanohablantes a estar atentos a la vanguardia de la lengua, al lugar en el que se está creando buena parte del español del futuro: la Red. El año 2011 verá la luz este manual de estilo en el que llevábamos tiempo pensando», ha señalado el director de la Fundéu BBVA, Joaquín Muller.
Será una obra en Internet, cuyas recomendaciones sirvan para la escritura en su sentido más amplio, ya que muchas de sus partes serán de uso general para quien escriba, no solo en entornos digitales, sino también para papel o cualquier soporte convencional.
Sin embargo, colectivos como periodistas, lingüistas, profesores, estudiantes, blogueros, diseñadores y especialistas en programación y telecomunicaciones podrán sacar un mayor provecho del trabajo.
En inglés existe una única obra de este tipo: La Guía de estilo de Yahoo (styleguide.yahoo.com), que, además de una guía en línea sobre la escritura, recoge muchas consideraciones para editores web, explica Muller.
Por su parte, Mario Tascón recuerda que en la actualidad no existe nada similar en español y que la demanda de referencias ha creado «una miríada de textos y apoyos interesantes, pero dispersos y desconectados».
«Será un lugar en el que se enseñará a escribir en general, pero que afrontará los soportes actuales, territorios donde se escribe y se lee mucho, pero de forma diferente», añade.
Tascón, que fundó 233grados.com, Practicopedia.com y Lainformacion.com y ha desarrollado importantes proyectos de Internet como ejecutivo de grandes grupos de comunicación, destaca que este hipermanual «es una respuesta a las necesidades que plantea el nuevo entorno virtual, y la nueva forma de leer y escribir».
«Además —añade—, será un sitio web que se podrá consultar desde todo tipo de dispositivos electrónicos, como móviles y iPads».
Por ello, el manual tendrá en cuenta las características específicas del entorno digital, como escribir para SEO (escritura optimizada para buscadores) o para interfaces, y contemplará usos prácticos en redes sociales y microblogging (piezas sobre cómo escribir adecuadamente en 140 caracteres, como Twitter).
Además, según apunta Tascón, el proyecto «dedicará una especial atención al desarrollo de la comunicación multimedia y al corazón de los medios digitales: el hipertexto (texto en Internet que enlaza a otra información), al tiempo que ayudará a establecer estándares lingüísticos» para preparar los sitios de la Red para la nueva web semántica (en la que se definen los significados de la información).
El manual tendrá carácter de obra universal y su preparación se asentará en un proceso participativo y público, ya que el método de trabajo será colectivo y estará supervisado por editores.
Se encargará a expertos de España, así como de países de América como Estados Unidos, Argentina, México, Perú, Chile y Venezuela, la realización de capítulos, pero la comunidad interesada en el lenguaje está invitada a participar en su realización.
«Esa explosión de la actividad escritora pública de las personas a través de blogs y redes sociales está haciendo que cada vez nos esforcemos más por escribir bien. Esa es la esencia misma de lo que hacemos a través de todos los recursos que disponemos en las redes: comunicarnos con los demás», explica Tascón.
Este manual de estilo para Internet, que impulsa la Fundación del Español Urgente (www.fundeu.es), patrocinada por la Agencia Efe y BBVA, es un instrumento más, como la Wikilengua del español, la emisión diaria de recomendaciones sobre usos del lenguaje o la respuesta a consultas lingüísticas, que pone esta institución al servicio del buen uso del español en los medios de comunicación.
Fuente: http://www.fundeu.es
Este proyecto, que dirigirá el periodista español Mario Tascón y que será financiado por el BBVA, asumirá los cambios que provoca en el lenguaje el nuevo mundo virtual, según ha informado hoy a Efe la Fundéu BBVA.
«En un entorno en el que el idioma evoluciona cada vez más rápido, queremos poner en marcha una nueva herramienta para ayudar a los hispanohablantes a estar atentos a la vanguardia de la lengua, al lugar en el que se está creando buena parte del español del futuro: la Red. El año 2011 verá la luz este manual de estilo en el que llevábamos tiempo pensando», ha señalado el director de la Fundéu BBVA, Joaquín Muller.
Será una obra en Internet, cuyas recomendaciones sirvan para la escritura en su sentido más amplio, ya que muchas de sus partes serán de uso general para quien escriba, no solo en entornos digitales, sino también para papel o cualquier soporte convencional.
Sin embargo, colectivos como periodistas, lingüistas, profesores, estudiantes, blogueros, diseñadores y especialistas en programación y telecomunicaciones podrán sacar un mayor provecho del trabajo.
En inglés existe una única obra de este tipo: La Guía de estilo de Yahoo (styleguide.yahoo.com), que, además de una guía en línea sobre la escritura, recoge muchas consideraciones para editores web, explica Muller.
Por su parte, Mario Tascón recuerda que en la actualidad no existe nada similar en español y que la demanda de referencias ha creado «una miríada de textos y apoyos interesantes, pero dispersos y desconectados».
«Será un lugar en el que se enseñará a escribir en general, pero que afrontará los soportes actuales, territorios donde se escribe y se lee mucho, pero de forma diferente», añade.
Tascón, que fundó 233grados.com, Practicopedia.com y Lainformacion.com y ha desarrollado importantes proyectos de Internet como ejecutivo de grandes grupos de comunicación, destaca que este hipermanual «es una respuesta a las necesidades que plantea el nuevo entorno virtual, y la nueva forma de leer y escribir».
«Además —añade—, será un sitio web que se podrá consultar desde todo tipo de dispositivos electrónicos, como móviles y iPads».
Por ello, el manual tendrá en cuenta las características específicas del entorno digital, como escribir para SEO (escritura optimizada para buscadores) o para interfaces, y contemplará usos prácticos en redes sociales y microblogging (piezas sobre cómo escribir adecuadamente en 140 caracteres, como Twitter).
Además, según apunta Tascón, el proyecto «dedicará una especial atención al desarrollo de la comunicación multimedia y al corazón de los medios digitales: el hipertexto (texto en Internet que enlaza a otra información), al tiempo que ayudará a establecer estándares lingüísticos» para preparar los sitios de la Red para la nueva web semántica (en la que se definen los significados de la información).
El manual tendrá carácter de obra universal y su preparación se asentará en un proceso participativo y público, ya que el método de trabajo será colectivo y estará supervisado por editores.
Se encargará a expertos de España, así como de países de América como Estados Unidos, Argentina, México, Perú, Chile y Venezuela, la realización de capítulos, pero la comunidad interesada en el lenguaje está invitada a participar en su realización.
«Esa explosión de la actividad escritora pública de las personas a través de blogs y redes sociales está haciendo que cada vez nos esforcemos más por escribir bien. Esa es la esencia misma de lo que hacemos a través de todos los recursos que disponemos en las redes: comunicarnos con los demás», explica Tascón.
Este manual de estilo para Internet, que impulsa la Fundación del Español Urgente (www.fundeu.es), patrocinada por la Agencia Efe y BBVA, es un instrumento más, como la Wikilengua del español, la emisión diaria de recomendaciones sobre usos del lenguaje o la respuesta a consultas lingüísticas, que pone esta institución al servicio del buen uso del español en los medios de comunicación.
Fuente: http://www.fundeu.es
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